Actualidad
Actualidad | Generales

Trátame suavemente

El abuso psicológico es más común de lo que imaginamos. ¿Estás alerta?

Si bien el abuso físico tiene unas consecuencias terribles para quienes lo sufren, es conveniente también reflexionar sobre las consecuencias del abuso psicológico. A diferencia del físico, el abuso psicológico se produce en cualquier lugar, con o sin gente a la vista, en cualquier contexto y entre personas de cualquier género y edad. Cada vez que hay un abusador, hay un abusado, porque el abuso se configura a partir de estos dos roles. Tanto el abusado como el abusador pueden ser personas individuales, pero muchas veces son familias, empleados, grupos sociales, étnicos, etc. Lamentablemente, esta situación es mucho más común de lo que imaginamos. En esta nota te cuento algunas claves para que estés alerta.

Yo tengo el poder
La autoridad y el poder generalmente son tierra fértil para que se desarrolle esta conducta nociva. Las personas que tienen estas características pueden caer fácilmente en la figura de abusadores, dado que utilizarán dicho poder en beneficio propio. Es muy importante comprender la importancia de los roles, porque un abusador puede colocarse en ese papel debido a que, inconscientemente, el abusado se lo está permitiendo. Yo le llamo a esto “invitación inconsciente”. Desde ya que esto no constituye en absoluto un permiso, pero el abusador se aprovecha de personas que tienen ciertas características para poder ser abusadas. Es fundamental que quienes sufren abuso psicológico de cualquier tipo, incluyendo el bullying, tomen consciencia del lugar en donde se están metiendo y de las consecuencias de sus acciones y buena voluntad.

No des la bienvenida

La falta de límites es la primera invitación que se le da al abusador para que inicie su avasallamiento. Sin dudas, una persona que coloca límites firmes y asertivos tendrá menos posibilidades de ser abusada que alguien que no puede poner límites o que busca agradar. Los límites están directamente relacionados con la emoción del enojo: sin enojo, o sin una adecuada gestión de éste, los límites se vuelven difusos. Sin embargo, los límites no se establecen de un día para el otro. Si nuestro jefe nos ha maltratado durante un año y de buenas a primeras le decimos “¿sabés qué? ya no quiero que me maltrates más”, habrá consecuencias. Esto es muy común, y porque justamente acarrea consecuencias, se vuelve más difícil poner un freno. Pero si marcamos los límites en nuestro día a día, nadie se verá sorprendido cuando alguien cruce la raya. De hecho, lo más probable es que nadie la cruce. Y si alguien lo hace, lo mejor es alejarse cuanto sea posible.

La red de ayuda
Además de los límites, existe la ayuda. Las personas abusadas generalmente minimizan el abuso, o no se sienten seguras de pedir ayuda, por miedo o por vergüenza. Si este es tu caso, armá tu red de apoyo. Buscá alguien con quien puedas compartir lo que te sucede. No se trata de recibir el mejor consejo, se trata de poder expresar, de soltar, de escupir todo ese enojo y resentimiento con un buen par de oídos para vos, porque, como reza el dicho, “lo que la boca calla, el cuerpo habla”.

 Un abusador puede colocarse en ese papel debido a que, inconscientemente, el abusado se lo está permitiendo

POR: AXEL PERSELLO
Coach Ontológico
www.pnliafi.com.ar

Comentarios

Enviá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Notas Relacionadas

Ingresar

Para ver nuestras Revistas, debe ingresar su e-mail