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De la obligación al placer

Tal vez lo importante no es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos. ¿Estás segura de que tu trabajo te resulta placentero?

Nacemos, estudiamos, trabajamos y nos jubilamos. Parece ser el plan con el que venimos todos a este mundo. Diariamente, entre viajes de ida y vuelta, el trabajo se lleva en promedio once horas, casi la mitad de de nuestro día. Además, trabajamos desde que somos muy jóvenes hasta muy grandes; por esto es que todos nos hemos planteado alguna vez si lo que hacemos nos gusta realmente. Muchos hemos tenido el sueño de desempeñarnos en otra cosa, tal vez como fantasía o como un proyecto. Sin embargo, solo muy pocas personas trabajan en lo que les da placer. Si sos de estas personas, pues ¡felicitaciones! Si sos de los otros dos tercios de la población, esta nota puede hacerte replantear algunas cuestiones del alma.

Analizá tu pirámide
La pirámide de niveles lógicos de la programación neurolingüística sostiene que el cerebro humano organiza la información en diferentes niveles y, por lo tanto, el lugar en donde se aloja un contenido determina de forma proporcional la manera en que esa información nos afecta. No es lo mismo cuando se ponen en juego nuestros valores y creencias más profundas que cuando nos conflictuamos por el lugar y el día de trabajo. Y si bien cada nivel nos influye de distinto modo, a veces no logramos traer a la consciencia y darnos cuenta de qué es lo que no nos gusta de nuestro trabajo. ¿Qué nos impide disfrutar de él? En orden de menor a mayor importancia, los niveles neurológicos que menciono son: entorno, conductas, capacidades y creencias.

¿En qué nivel estás?
- El nivel menos importante es el entorno y responde a preguntas básicas como: ¿dónde trabajo?, ¿cuándo trabajo?, ¿con quién trabajo? Si bien muchas veces valoramos dónde queda el trabajo y el horario, es el menos importante.
- El segundo nivel se relaciona con lo que hacemos. Por eso responde a la pregunta ¿qué hago? Las conductas del día a día. Responder a todas las actividades laborales ya implica un poco más de esfuerzo.
- El tercer nivel, que habla de las capacidades, tiene más relación con las habilidades que pongo en juego o las que dejo de poner en juego. Uno puede preguntarse: “si tengo habilidades de liderazgo, ¿por qué no trabajo en eso?”.
El nivel siguiente responde a nuestras creencias y valores. Cuando las cosas no van bien en este nivel, el trabajo se vuelve un eje de conflicto. Es como trabajar en una organización corrupta cuando valoro la honestidad. O en un clima hostil cuando valoro las buenas relaciones. Si hay desequilibrio en este nivel, el trabajo se vuelve algo difícil de llevar a adelante.

No esperes más
Concentrémonos en el nivel de las creencias y valores. Para empezar, las creencias están conectadas con el cerebro límbico, el de las emociones. Por lo cual, los conflictos de creencias afectan al organismo. La somatización es un ejemplo. El debilitamiento de las defensas, otro. Es importante que este tipo de conflicto se resuelva. Podés convivir con los conflictos de los niveles inferiores, pero en este nivel deberás pagar un precio muy alto para sostener el desequilibrio en el tiempo. ¿Cómo te imaginás a un hippie trabajando en una multinacional? ¿Cómo creés que es trabajar en una empresa en la cual sentís que engañan a los clientes con sus productos? ¿Cómo puede uno valorar la justicia si trabaja en una empresa donde solo ascienden los familiares o conocidos? Ahora, pensá en tu trabajo, y si bien podemos ir del extremo del placer absoluto al trabajo obligado, en el medio hay grises que nos ayudan a ver en dónde estamos situados hoy e identificar qué te impide dar ese paso para lograr que tu trabajo sea más placentero.

Podés convivir con los conflictos de los niveles inferiores, pero en el nivel de las creencias deberás pagar un precio muy alto para sostener el desequilibrio en el tiempo

POR: Axel Persello – Director de IAFI
Coach Ontológico y Trainer en PNL

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