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Dudar de nuestras dudas

Antes de tomar una decisión importante, analizá tu forma de analizar.

¿Debatiendo qué estudiar? ¿O pensando en cambiar de trabajo? ¿O por mudarte? Estos son algunos ejemplos de decisiones complejasque seguramente alguna vez atravesaste o estés por enfrentar. Se tratan de decisiones no estructuradas, en las que no existe una respuesta o un plan armado que nos indique cómo actuar. Que implican altos costos y que son poco reversibles, porque inciden en el mediano o largo plazo. En definitiva, decisiones importantes que merecerían nuestra reflexión sobre la manera en la que las tomamos.

Condiciones + condicionantes
¿Alguna vez te detuviste a analizar cómo tomaste esa decisión importante? ¿Qué criterio o juicio previo utilizaste? ¿Qué alternativas evaluaste y qué expectativas tenías sobre cada una de ellas? La realidad es que somos incapaces de evaluar todas las alternativas existentes y que no podemos imaginar o predecir todas sus consecuencias. De allí, que nuestras decisiones distan mucho de ser óptimas, simplemente por nuestras limitaciones biológicas. Pero, además, en los procesos decisorios intervienen otros condicionantes como, por ejemplo, nuestras emociones o nuestra personalidad. Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, explica que en nuestra mente actúan dos sistemas: uno intuitivo, que trabaja de manera impulsiva y automática, y otro racional, que acude a la reflexión profunda y a la concentración. El problema es que nuestra mente emocional siempre está en modo on y no deja de emitir juicios que pueden sesgar nuestros análisis o elecciones, muchas veces de manera imperceptible. Sumado a eso, nuestra mente racional es lenta mientras que nuestro cerebro es perezoso, por lo que tratará de evitar aquellas situaciones que lo obliguen a pensar y, aún más, a pensar mucho.

Instintos + argumentos
¿Alguna vez te ilusionaste con un hombre que creías el amor de tu vida, aun cuando tus amigas te decían lo contrario? No obstante, seguro te encargaste de encontrarle todos los beneficios y ventajas que nadie más veía. Este ejemplo nos sirve para ilustrar la facilidad con la que tendemos a sesgar nuestros análisis mientras construimos una ilusión de verdad y seguridad que puede no ser real, o al menos no objetiva. ¿Cómo podemos actuar frente a esto? Reconociendo nuestra incapacidad de comprender la realidad objetiva. Pero, ojo, no es que sea malo el uso de nuestro sistema intuitivo sino, por el contrario, que podemos potenciarlo. Nuestras emociones y sensaciones pueden ser esenciales en nuestra capacidad de adoptar buenas decisiones, aún más en aquellas complejas en las que los métodos lógicos no sirven. Pero debemos cuidar que nuestro instinto ayude a cubrir esos espacios de incertidumbre con argumentos válidos.

PARA DECISIONES IMPORTANTES
- Date un tiempo para la reflexión, acordate que nuestro sistema racional es lento.
- Escuchá muchas opiniones; tratá de analizar todas las alternativas posibles.
- Considerá el problema desde diferentes puntos de vista sin condicionarte a la primera idea.
- No exageres sobre el esfuerzo de cambiar de opinión, sé humilde para resignar y positiva para entender que otra opción puede ser mejor.
- Sé sincera con vos misma y no atiendas solo a quienes te dicen lo que querés escuchar.
- Tratá de reformular varias veces el problema de decisión para detectar verdaderamente cuál es el foco central.
- Informate con datos ciertos y objetivos, leé y buscá información sobre el tema.
- Y, finalmente, la mejor manera de evitar las trampas y los sesgos es siendo consciente de ellos, por lo que te propongo dudar de tus dudas.

POR: Romina Barbisan
Lic. en Administración,
Economía social.

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