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Relaja, mi niño

Tener hijos tranquilos, con mejor rendimiento escolar y relación con sus pares, sí es posible. Enterate cómo.

Tanto los niños como los adolescentes movilizan un enorme caudal de energía que muchas veces no se encausa en las direcciones esperadas. Este factor colabora con el aumento de conflictividad en la convivencia escolar, predispone a la falta de atención y concentración, puede generar dificultad para relacionarse con sus pares, abulia, depresión, trastornos del sueño, entre otros problemas. Por suerte, hoy existen herramientas para el manejo de las emociones negativas y de los conflictos, que pueden afrontarse a través de meditación, técnicas de respiración, clases de yoga y juegos didácticos. Un chico que aprende a meditar está más consciente de lo que le pasa, tiene más poder sobre sus propias emociones negativas y, además, posee instrumentos para que, cuando alguien lo burle, por ejemplo, eso no lo saque de su eje. Cuando al niño le sucede algo que no le agrada, pierde la concentración y se angustia. Entonces, esa emoción comienza a dominarlo y afecta todo lo que tiene que hacer. “Lo fantástico de aprender este tipo de técnicas y practicarlas desde tan chicos es que se asimilan instantáneamente y nunca más se lo olvidan”, explica Sofía Godio Báez, instructora de yoga y respiración de la Fundación El Arte de Vivir.

Beneficios de la meditación y las técnicas de respiración en niños:
*Mejoran el rendimiento escolar, la concentración y la creatividad.
*Incrementan su confianza para el manejo de la crítica y relación con los pares.
* Reducen la ansiedad y el estrés.
*Profundizan los lazos de solidaridad en la escuela y en el hogar.
*Liberan a los más chicos de sus temores y los preparan para enfrentar los desafíos del crecimiento.
Facilitan el buen descanso.
Rompen con la monotonía y eliminan la depresión.
Ayudan a manejar las emociones negativas y a despejar las dudas.
Aumentan el sentido de pertenencia a la comunidad.

Hecho en casa
Algo muy simple que las mamás pueden hacer con sus hijos es que, en el momento en que les agarra la rabieta, la vergüenza o el miedo, cuando surge esa emoción negativa, el primer paso sea que los chicos cierren los ojos y se fijen en qué parte del cuerpo está esa emoción. Por ejemplo, un diálogo posible sería: “Estoy enojado porque me peleé con mi hermano”, “¿Y dónde lo sentís?”, “En la panza”, “¿Y qué sentís en la panza?”. “Siento un fuego” o “siento las manos apretadas”, etcétera. Es un ejercicio de auto-observación para que ellos mismos detecten esa emoción negativa. Una vez que la identifican, se les dice que respiren hondo, que llenen la panza de aire y luego lo larguen lentamente. El objetivo es que aprendan a observar dónde está la emoción y cómo se manifiesta en el cuerpo. “Realmente podemos crear una sociedad totalmente diferente si les damos estas herramientas a los niños: una sociedad más compasiva, que piense en el otro. Se pueden brindar técnicas para que los valores humanos intrínsecos puedan florecer desde que sean pequeños” , asegura Godio Báez.

 “Hay que tener en cuenta que, para poder incentivar a los niños a que hagan ese tipo de ejercicios, los padres deben tener una práctica previa para eliminar su propio estrés”, explica Sofía Godio Báez

POR: Fundación El Arte de Vivir

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