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Romina, realidad de ficción

Con una carrera exitosa y una familia ensamblada de película, la actriz reflexiona sobre la maternidad, el concepto actual de familia y la importancia de tener Un cuarto propio.

¿Te reencontraste con la actuación?
Sí, este es el año de reencontrarme un poco con mis raíces. Tuve un tiempo en el que me fui detrás de cámara, filmé una película, estuve estudiando sobre fotografía y me metí a dirigir. Hice varios cortometrajes y terminé con un largometraje sobre Alfredo Arias en París. Con este largometraje estuve muy metida en la edición, que lleva mucho tiempo. Medio que me alejé de la actuación por un tiempo. Pero en una serie me reencontré con mi maestro (Norman Briski) y le comenté que estaba un poco desencantada con la actuación. Así, retomé las clases con él y fueron un viaje de ida al escenario. Al toque me salieron un montón de obras de teatro y ahora estoy haciendo una con mi maestro.

¿Y de qué lado de la cámara te sentís más cómoda?
En realidad en los dos y tampoco es que me alejé tanto de la actuación. Estuve hace poco en una serie (La pulsera) en Canal 7, en la que no solo actué sino que me llamaron para hacer el casting y la dirección de actores. También estuve filmando una película y mientras tanto voy escribiendo la propia. Pero voy de a poco, está aún muy en desarrollo. Es sobre un mito guaraní, estoy investigando mucho.

¿Y cómo equilibrás un trabajo tan demandante con la maternidad?
La clave está en organizarse. Por eso también estuve un poco más enfocada en el teatro, porque una serie o una película te demandan mucho más tiempo. En este momento mi nena es chiquita y, la verdad, quiero estar con ella.

¿Cómo es ser madre de tres edades tan distintas?
Es algo nuevo cada vez. Encima cada una es diferente, tienen personalidades muy distintas. Y con cada una voy haciendo un viaje único. ¡Desde los 20 años que tengo hijas! Me gusta dedicarme a la crianza, es algo muy natural en mí.

Sos una madraza, ¿no?
Sí, sí… lo soy. Lo que más me gusta de la vida es estar en casa con mis hijas. Pero bueno, hay que organizar el tiempo para poder estar tranquila cuando estoy con ellas.

¿Y no te dan ganas de tener un varón?
No, no, no. Bah… no sé. Ahora, si me preguntás, te digo que no porque Betania es muy chiquita; quiero disfrutarla bien y poder compartir mucho con ella. No puedo pensar en otro ya, pero no cierro la idea.

En esta edición hablamos sobre las familias modernas, ¿cómo es en tu caso con tres padres distintos?
En nuestra familia es muy natural. Para mí la separación no es un fracaso, lo veo como buscar la felicidad, de la manera que sea. Ya sean dos mujeres juntas teniendo hijos o lo que sea, es encontrar la felicidad como cada uno la encuentre. A mí me tocó así y fueron vínculos de muchos años y de mucho amor. Y lo siguen siendo, de otra manera. Tengo buena relación con los padres de mis hijas, son vínculos para toda la vida y son mi familia en definitiva. Flecha: ¡Contanos de Fito Páez!

¿Cómo le transmitís a tus hijas el hecho de que vos te hiciste tu carrera sola?
Lo que les transmito, que soy bastante obsesiva con este tema, es que estudien ahora que tienen la posibilidad de hacerlo. Yo, por ejemplo, no tuve la posibilidad de estudiar a esa edad. Estudié después, de grande; que está bien, cada uno lo hace en el momento que le toca. Pero si tenés la oportunidad de estudiar de joven, y esto es algo que me gustaría decirle a todos los jóvenes, ¡es que estudien! Porque todo lo que estudien les va a servir para la vida. Yo no pude hacerlo de chica y ahora no paro de estudiar.

¿Y cuáles son tus próximos planes?
Bueno, ahora estoy ensayando con Briski y, hablando de estudiar, estamos estudiando mucho porque es un encuentro entre Rosa de Luxemburgo y Manuel Ugarte. Y requiere de mucho estudio, la Revolución Rusa, las Guerras Mundiales… estoy muy metida en este nuevo rol que voy a hacer pronto.

“Me gusta dedicarme a la crianza, es algo muy natural en mí”


Ping pong
Una habilidad hogareña: cocinar.
Una comida que te salga bien: la pasta.
Un toc: el alcohol en gel.
Un momento del día: cuando nadie se levantó aún.
Un coequiper: mi marido, Walter.
Un libro: ahora, cualquiera que trate sobre Rosa de Luxemburgo.
Algo que te saque: la mentira.
Un destino soñado: Japón.

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