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Intensamente libre

Al frente del ballet en el teatro que fue su segunda casa, en las mejores librerías y hasta en el aroma de una fragancia… Paloma vuela con sello propio.

Con una carrera como bailarina perfecta, hoy dirige el ballet del Teatro Colón. Además, recientemente escribió su autobiografía y hasta se puede conseguir un perfume con su impronta. De vuelo en vuelo, encara con libertad cada propuesta que prometa preservar su identidad.

¿Qué fue lo que te llevó a decir “Este es mi momento de escribir un libro”?
La verdad es que no fue mi decisión, no lo tenía en mis planes para nada. En el 2015 me retiré y, a fin de año, fuera de los escenarios, me llamó la editorial Penguin Random House y me propuso escribir un libro, una autobiografía, y me encantó la idea porque siempre me gustó mucho escribir. Me sentaba a escribir, sabía que en algún momento iba a escribir un libro, pero no sabía ni cómo ni cuándo. En el momento en que me lo propusieron dije que sí. Lo fundamental era que lo pudiera escribir yo, que fuera con mi voz, mi idea. La editorial me dijo que era justo lo que tenían pensado y enseguida empezamos a trabajar.

¿En qué sentido te describís como una persona intensa?
Intensa en todos los sentidos, creo. Pienso que intensa bien, porque fue una vida muy intensa. Tengo una personalidad intensa, es un poco lo que cuento en el libro. Todas mis decisiones son muy seguras, desde chiquita tenía mucha personalidad. Siento que eso es lo que me ayudó en mi carrera, ser muy segura en las decisiones. A los siete años ya sabía que quería ser bailarina. A los quince, me fui. Pienso la intensidad y la pasión con la que hice las cosas: no era a medias, cada día era como el último. Fue una vida muy intensa.

¿Cómo fue la reacción de tus padres cuando les planteaste que querías ser bailarina?
El libro está dedicado a ellos, a mis padres. Siento que ellos han sido la llave de mi felicidad, de mi vida. A los siete años, le dije a mi mamá que quería bailar y me llevó a estudiar danzas, jamás me hizo un planteo. Siempre me dijeron que hiciera lo que quisiera y, al mismo tiempo, me contenían. Ese equilibrio que es tan difícil de lograr, esa contención, ese amor incondicional —que lo tengo hasta el día de hoy y que es tan importante— ese amor inmenso y, al mismo tiempo, esa libertad. Ella tenía un amor tan grande que me dejó libre. También por eso me sentí tan identificada con mi nombre. El “Paloma” me marcó con esa libertad que me han dado.

 “Todas mis decisiones son muy seguras, desde chiquita tenía mucha personalidad”

Tuviste la suerte de que tus padres no fueron controladores…
Exacto, de alguna forma, el libro es eso. Contar ese secreto y el resultado. Los padres que son los famosos “stage garent”, los padres de bailarines que están metidos, que se ponen a hablar, que piensan que su hijo es lo más maravilloso del mundo, son terribles. Terribles para los chicos, terribles para los maestros. Mis padres son el ejemplo exacto de lo contrario. Jamás iban al teatro, jamás se metían y, al mismo tiempo, me contenían y acompañaban.

¿Sentís que la clave de tu autoexigencia fue la libertad que te dieron?
Sí, totalmente. Por eso me dieron la seguridad de dejarme ir a los quince años. Yo no entendía cuando otras familias decían “yo tengo que controlar a qué hora llega de tal fiesta”, no entendía esa palabra “control” porque mis padres jamás me han controlado en nada. Confiaban totalmente en mí, sabían que yo era sumamente responsable. Un poco eso ha sido mi carrera, esa obsesión por la perfección que es inalcanzable, pero siempre tratando de llegar ahí, y eso requiere muchísima doctrina…

¿Es cierto eso de que el ballet es constante búsqueda de la perfección?
Sí, es parte de la carrera.

“Pienso que el desafío es el día a día”

Hablando de perfección… ¿es eso lo que te gusta de la cultura japonesa?
Sí, me encanta esa cultura en parte por eso. Es todo súper organizado, preciso, perfecto, la verdad que es un placer. Me encantaba trabajar en ese ambiente, en una cultura tan respetuosa, son tan agradecidos… me encanta.

Incursionaste en el arte del perfume, ¿cómo te identificás con tu fragancia?
Me gustaba la idea porque sentía que podía sacar mi personalidad, lo que me interesaba era que tuviera un estilo y me identificara. Es importante que tenga mi sello. Cuando surgió la idea del perfume me encantó, por más que no sea mi tema. Ser parte de todo el proceso, del packaging, de la publicidad, la idea que le quería dar, el mensaje que quería comunicar. La mujer y el estilo, muy etérea pero al mismo tiempo con la personalidad marcada. Me gustó trabajar en ese proyecto porque me dieron un medio para poder identificarme.

¿Te queda algún desafío pendiente?
Sí, muchísimos. La vida va pasando, no planeo nada, voy viviendo el día a día. Pienso que el desafío es el día a día. Hoy soy la directora del ballet del Teatro Colón, tuve un año súper intenso y feliz, con todo lo que se ha hecho. Me parece que los desafíos son todos los días…

PING PONG
Un teatro: mis casas son el teatro Colón y el Metropolitan de New York.
Un estilo de música: adoro la música clásica. Pero puedo escuchar Diego Torres, Luis Miguel, Maná, Phil Collins, John Mayer.
Qué te mantiene con los pies en la tierra: mis padres.
Una virtud: eso lo tienen que decir los otros. Trato de que la gente se lleve lo mejor, que cada uno elija lo más lindo.
Un lugar en el mundo: mis dos lugares, Buenos Aires y New York.

Texto: Alejandra Bertolami Fotos: gentileza de Estudio Magenia Múgica

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