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En el nombre del padre

Aunque parezca dividirse entre el cine, el teatro y la televisión, su verdadero foco está puesto en la paternidad. Ida y vuelta con un actor multifacético que no para de escalar.

Antes de cruzar el charco para presentar El desentierro, un film de Nacho Ruipérez que lo ubica en el papel protagónico, se hizo una escapada a La Feliz para presentar El hijo eterno, una obra de teatro sensible que muestra a un padre primerizo adaptándose a su nueva vida. Cansado, pero predispuesto, nos brindó su calma y su tiempo para charlar un poco de todo lo bueno que le depara el destino.

¿Te sirvió tu propia experiencia como padre para crear tu personaje en El hijo eterno?
No sé cómo hubiese sido El hijo eterno antes de que yo sea padre. Sin duda, hubiese sido distinto. No puedo saberlo, porque uno trabaja con la imaginación y ésta se nutre del bagaje que lleva uno en la propia vida. Entonces, sin duda que hubiese sido diferente.

En la obra trabajás con tu padre (Jean Pierre) en el rol de director. ¿Qué le encontrás de bueno a eso?
En general, es muy cómodo trabajar con él. De hecho, la obra existe porque él tuvo la idea de traerla para acá. Jean (Pierre) vio la obra hace cinco años en Brasil y lo conmovió mucho y recién hace un año se le ocurrió que era un buen momento para traerla.

Este año fue muy activo laboralmente para vos y estás en la novela más inclusiva de todas. ¿Cómo es tu papel en ella?
Fidel funciona con dos caras: por un lado, su parte laboral, que lucha y trabaja por la inclusión, por la aceptación de cada uno sobre sí mismo, por la aceptación dentro del grupo, por las diferencias, es un tipo muy abierto y centrado. Por otro lado, tiene su vida íntima, en la que parecería costarle mucho aplicar eso que él pregona, porque “en casa de herrero cuchillo de palo”. Él trata de que el afuera se libere, pero hacia adentro no consigue estar en paz con lo que él siente.

En el papel de Fidel sos un profesor de literatura. ¿En tu vida real sos de refugiarte en los libros?
Me encanta leer. No sé si refugiarse es la palabra, porque no es un lugar de escondite, sino al contrario, de apertura, y me encanta.

Ahora que sos padre y ves todo desde otra óptica, ¿cambió la relación con tu propio padre desde que vos también cumplís ese rol?
Sí, totalmente. Ahora es el abuelo y hay un cambio de rol. Uno ya no importa, lo que importa es el nieto. Ahora uno queda apartado, pero ese apartado está bueno.

¿Estás por estrenar El desentierro en España?
Sí, estoy viajando para el festival de Sevilla y de ahí a Madrid y Valencia para presentar El desentierro.

En el tráiler ya se puede ver que es un peliculón…
Está buenísima. Tengo muchas ganas de que se estrene acá. Todavía no hay fecha, voy a averiguar. Sé que se tiene que estrenar porque es una coproducción con el INCAA. Está Leo Sbaraglia, Jan Cornet, Ana Torrent, es un elenco muy lindo.

¿Qué se siente al tener el papel protagónico? ¿De qué trata?
Esto lo hablé bastante con Leo (Sbaraglia), porque él piensa como vos: que él tiene un papel secundario, pero yo pienso que no. Si bien mi personaje es el que lleva adelante la acción, ésta transcurre gracias a que estamos buscando a su personaje, que sería mi padre. La película ocurre en dos tiempos: tenemos todo el pasado, donde vamos viendo qué fue lo que ocurrió, y el presente, donde este joven, después de volver a España por el entierro de un familiar, descubre que hay alguien vivo que él creía muerto y desaparecido en el mismo momento en el que desapareció su padre. A partir de eso, se empieza a preguntar qué es lo que ocurrió realmente. Es una búsqueda desesperada, que tiene que ver con trata de blancas, corrupción, tierras fiscales, cuestiones inmobiliarias.

Ahora que estás en el teatro, en el cine y en la televisión, ¿en qué lugar te sentís más cómodo?
Son tres cosas muy distintas y cuando estoy haciendo mucho una, extraño la otra. Por suerte, en los últimos años se ha armado un modo en el que puedo hacer las tres en paralelo.
En los últimos años siempre hice una obra de teatro a lo largo del año, alguna película con mayor o menor participación y alguna serie. La televisión tiene la cuestión de lo inmediato, de llegar en un minuto a tantas casas tan fácilmente. Si quisiera meter esa gente en el teatro, no habría espacio….

Bueno, pero el teatro tiene esa emoción única…
Si, lo único e irrepetible. Esa magia que va a ocurrir esa noche tiene que ver con las personas que vinieron, con el ánimo del actor, el iluminador y el sonidista. Todos estamos creando ese campo de intercambio y eso es mágico, maravilloso y, a veces, cruel también, pero fantástico. Lo que tiene el cine es que es la única posibilidad del actor de crear obra.

¿Y qué proyectos te quedan para lo que resta del año o para arrancar el año 2019?
Seguimos con la obra de teatro haciendo gira. Ahora viajamos a España a estrenar la película y también hay algo de cine afuera para el año que viene, pero nada confirmado.

Con tanto tiempo ocupado, ¿cómo haces para repartirte y aprovechar el tiempo con tu pequeño Antón?
Es al revés, la prioridad es él y el resto se acomoda a sus tiempos.

¿Cómo es Michel papá?
Muy presente. Disfruto mucho de estar con él y verlo crecer. Con dos años recién cumplidos, está en una etapa muy graciosa. Cada palabra la repite y juega. Me encanta y lo disfruto, es algo que me sale bastante natural.

PING PONG
Un personaje que recuerdes con cariño: Peter, en Don Juan y su bella dama.
Un aroma: jazmín, el aroma del verano.
Un lugar en el mundo: donde esté.
Un lugar donde te sientas cómodo: Bariloche, mi casa.

Uno trabaja con la imaginación y esta se nutre del bagaje que lleva uno en la propia vida

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