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Entrevista | Personajes

Fuerte y clara

La industria alimenticia nos conquista con buen marketing y en las góndolas hay de todo… menos alimento. Soledad desenmascara esa trampa para que sepamos qué veneno comemos.

Soledad Barruti puso su lupa al dorso de las etiquetas para abrirnos los ojos. Así, nació Mala leche, su segundo libro, cuyo título aprovecha el juego de palabras para destacar la desinformación intencionada de la industria de alimentos y repensar la buena prensa que recibe la leche como alimento imprescindible. “Mala leche habla de cómo nosotros estamos siendo sugestionados y condicionados en nuestras compras y hábitos alimenticios con trucos sucios”, cuenta Soledad en un rato que nos cedió entre las presentaciones de su libro, en el marco del ciclo de escritores que organizó Editorial Planeta y Franganillo Comunicación.

¿Cómo es que la industria alimentaria juega sucio?
La industria sabe lo que hace y cómo lograr una fórmula megaefectiva, adictiva y engañosa. Por ejemplo, creés que estás comiendo un yogurt de frutilla y en realidad no tiene frutilla; o que estás comiendo una galletita integral pero está hecha con la misma harina blanca que las galletitas de chocolate. Toda esa efervescencia puesta al servicio de crear objetos superdeseables que no alimentan, está hecha hoy en día con mucha intención de venta, pero también con una intención de ocultar los efectos de consumir esas cosas. Hoy, ya se sabe que a costa de comer sustitutos de alimentos en vez de alimentos, las personas están cada vez más enfermas, los niños sobre todo.

La magia del marketing…
La industria, en lugar de hacer caso, utiliza ese efecto engañoso y encantador que tienen para ocultar la evidencia que existe en contra de esos productos. La leche, tomada como el ejemplo más perfecto de eso.

¿Y qué pasa con la leche?
Sobre la leche, aparece una necesidad de consumo que no es tal. Una necesidad que está montada en base a estrategias de marketing perfectas que te dicen que necesitás tres porciones de lácteos por día y eso es un sobreconsumo. Además, la leche no es la de antes, ahora se trata de una leche y productos lácteos azucarados, llenos de colorantes y que no necesitás consumir.

¿Cómo fue el trabajo de campo que realizaste para hacer Mala Leche?
Empezó en la alacena, viendo qué era alimento y qué no, porque había cosas que no merecían ser llamadas “alimento” y, sin embargo, yo creía que ahí había algo. Empezó dando vuelta las etiquetas, continuó en la góndola y terminó en estas empresas que elaboran los productos alimenticios y las que los decoran, ergo las empresas que generan los colorantes, los saborizantes y aromatizantes. Todos los alimentos comestibles de la góndola son hechos con ingredientes muy básicos y decorados con un montón de aditivos que los hacen parecer cosas diferentes.

 Todos los alimentos comestibles de las góndolas son hechos con ingredientes muy básicos y decorados con un montón de aditivos que los hacen parecer cosas diferentes

Vos, como madre de una lactante, ¿qué opinás de las leches infantiles?
La leche de fórmula es el primer sustituto que aparece en la alimentación humana y tiene consecuencias trágicas en la historia de la humanidad. Hay un montón de personas que tienen enfermedades que seguramente refieren a esa primera alimentación truncada y reemplazada por un alimento artificial. Cuando está el deseo de amamantar, con la información adecuada para que ese deseo exista y el acompañamiento médico que además se requiere, la lactancia es exitosa. No lo es cuando tenés este producto que te quieren vender y te ofrecen como si fuese mejor. Todo el sistema conspira para que nosotras no podamos amamantar y los bebés no puedan alimentarse adecuadamente.

¿Cómo influyen los alimentos de góndola en los primeros años de la infancia?
Pensamos que la comida de niños está bien y hasta que está pensada para chicos y fabricada mejor, pero cuando mirás de cerca la comida de bebés y niños, tiene lo peor de lo peor. Todo tiene azúcar, cuando no tendría que tener, tiene colorantes, saborizantes, aromatizantes, perfume de fruta y no tiene fruta… Un perfume que después te condiciona a querer un gusto que sólo satisface la industria. Las marcas generan sabores que después en una casa no se pueden replicar sino es a través de esas mismas marcas u otras. Yo a ella, (Dominique, su hija de ocho meses que toma teta mientras ella nos habla) le doy la misma comida que como yo. Come comida y toma teta. Su introducción a los alimentos fue la misma que tuvo mi abuela: sentada en la mesa comiendo. A veces, especialmente cuando somos padres primerizos, no disfrutás de comer con tu hijo.

¿Tuviste alguna vez una complicación por algún contenido publicado en tus redes bajo la premisa “Detectives en el supermercado”?
No, porque lo que hago es contar realmente lo que existe en el producto. Obviamente me siguen muchas empresas y gente de comunicación. Alguna vez, me ha pasado de poner un dato desacertado al ser tan difícil leer las etiquetas cuando todo está en minúscula. Está todo hecho para que nadie lo lea y puse una cantidad de azúcar errónea y enseguida aparecieron treinta personas en el mismo momento dándome el mismo discurso como respuesta y lo modifiqué enseguida.

¿Es confiable la OMS como fuente de referencia?
La Organización Mundial de la Salud es un monstruo enorme como todas las agencias de Naciones Unidas. Trabaja mucha gente con muchas formas diferentes de pensamiento. Por suerte, la parte que trabaja para América, la Organización Panamericana de la Salud, está tomada desde hace unos años por una visión particular de la alimentación que a mí me parece sumamente atendible y que todavía no se atendió. Tiene que ver con volver a recuperar la humanización de la comida. Volver a tomar a la cultura alimentaria como guía para lo más saludable. La idea de recuperar la cultura me parece fabulosa. Logran ver que las personas que hacen dietas tradicionales son sanas ante los que adoptan la dieta de supermercado. Ahí, generan evidencia para demostrar que la comida ultraprocesada es un problema y la tarta de la abuela, no.

¿A qué se llama “comida ultraprocesada”?
Existen los alimentos sin procesar, como puede ser una fruta o verdura. Mínimamente procesados, como una legumbre, que es un poroto seco. Procesado, que puede ser un alimento enlatado, al cual ya le agregan un poco de sal, como al atún. Después, están los ultraprocesados, que tienen ingredientes muy simples, que se ultraprocesan con aditivos y que te hacen creer que estás comiendo cosas que en realidad no estás comiendo.

Las marcas generan sabores que después en una casa no se pueden replicar sino es a través de esas mismas marcas u otras

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