Entrevista
Entrevista | Personajes

Thelma Fardin

Con la lucha feminista cargada al hombro, un 2020 repleto de estrenos y subida a las tablas apenas arranca el año, charlamos con la actriz sobre lo que fue y lo plena que se siente hoy respondiendo a su deseo.

¿Siempre te interesaste por las injusticias sociales o fue un despertar de los últimos años?
Siempre hubo algo de luchar por las causas justas y frente a las injusticias. Por supuesto que todo lo último que me pasó lo terminó de despertar y organizar por esta capacidad de lucha colectiva. Por ahí, antes tenía mis micromilitancias de manera más espontánea y desorganizada.

¿Qué luchas te despertaron esas ganas de hacer justicia?
Antes no lo entendía como lo entiendo ahora desde lo conceptual, en relación a que este sistema capitalista y patriarcal nos somete y necesita de los sometidos para tener a los que dominan. Pero sí era frente a ese tipo de opresiones contra las que sentía que tenía que hacer algo, que tenía que estar con los más necesitados, con los olvidados. Eso siempre me generó mucha impotencia y la necesidad de salir a hacer algo.

Como hacer público lo que te pasó a vos en carne propia…
Sí. Yo sabía que había una realidad muy concreta que era que una vez que yo radicara mi denuncia en la justicia nicaragüense, se iba a hacer de público conocimiento. Sobre todo en nuestro país, donde las noticias y la opinión pública se nutren mucho de lo que sucede en la justicia. Además, era un tema que ya estaba instalado gracias a las denuncias de otras mujeres que no habían podido hacerlo de manera formal ante la justicia, pero que lo pusieron sobre la mesa. Sabía que eso iba a pasar y por eso decidí que quería ser yo quien lo hiciera público y no que tomaran otras personas mis palabras y lo contaran como ellos quisieran.

Cuántos ovarios, Thelma…
La verdad es que estoy muy sorprendida con todo lo que sucedió este año. Fue mucho y muy intenso, pero estoy feliz de los avances que se han dado a nivel colectivo en toda nuestra sociedad. Por supuesto, no puedo dejar de mirar todo lo que falta por hacer, todavía hay mucho terreno por avanzar.

Digamos que esto recién empieza para vos…
Sí, es relativo porque parece que esto empezó ahora, con mi denuncia pero la realidad es que abrió espacios para hablar de temas que antes no se podía, pero que estaban. El movimiento no empezó con mi denuncia y con lo que se hizo desde Actrices Argentinas, sino que llegamos a este punto gracias al trabajo y a la resistencia de tantas mujeres y organizaciones que fueron instalando el tema hasta que se hiciera eco en una mayor parte de la sociedad. Por supuesto, para mí en lo personal esto recién empieza, abrimos espacios, instalamos el tema y ahora hay que ver cómo seguimos avanzando. Yo siempre digo que soy una “privilegiada”, pero hay que ver qué está pasando más allá de mi caso. Los casos de tantas mujeres que nadie mira pero que quedaron en evidencia cuando se destapó la olla.

¿Y cómo vivís el peso de ser una de las caras más visibles de este cambio de paradigma?
Con una responsabilidad muy grande porque justamente para mí, más allá de que esta causa me tocó desde lo personal en lo más profundo, la realidad es que estoy en formación. Hay un montón de mujeres que hace años trabajan en estas causas pero que no tienen la visibilidad que tengo yo y por eso siento la enorme responsabilidad de estar a la altura cuando hablo de los temas que hablo. Sería un peligro que, porque yo soy una de las caras visibles, se reduzca todo a mi militancia, cuando en realidad es un granito de arena en un movimiento muchísimo más grande.

“Mi militancia es un granito de arena en un movimiento muchísimo más grande. Hay que ver qué está pasando más allá de mi caso, los de tantas mujeres que nadie mira”

¿El haber hablado repercutió en tu carrera?
Sí, es inevitable pensar que sí, que tiene costos. Pero, por suerte, este año pude trabajar bastante, soy actriz hace veinte años, mi vida entera fue actuar. Esto ahora es una cosa más que se pone en la balanza a la hora de contratarme y para mí misma de elegir los proyectos que sí y los que no. Es muy complejo y está bueno empezar a hablar de lo que pasa con las víctimas cuando deciden no callar más; de cuál es el costo más allá de lo que vemos de manera obvia. No solo que descreen de las palabras de las víctimas, sino desmenuzar un poco más qué es lo que pasa y qué es lo que se pone en juego cuando una se mete en un tema como este y se anima a salir de ese lugar de silencio.

¿Qué te dio a vos personalmente el hecho de hablar?
Mucha fuerza, mucha contención y organización colectiva… lo que me permitió entender en qué contexto te pasa eso que te pasa. Eso macro que le pasa a la sociedad es algo que tiene un impacto en lo personal. Saber que todos esos años de silencio y soledad y de creer que una es la responsable y culpable tiene costos más altos que sacarlo afuera. Fue sobre todo sanador para mí vernos tan organizadas en un tema y entender que éramos tantas. Cuando una se da cuenta de que es la regla y no la excepción, también hay algo ahí reparador y te quita la responsabilidad, porque te das cuenta de que es producto de un sistema.

 “Todos esos años de silencio y soledad y de creer que una es la responsable y culpable tiene costos más altos que sacarlo afuera”

Básicamente, fuimos criadas para callar y sentirnos culpables…
Totalmente, culpables de todo y ahí es donde lo colectivo es lo que ayuda. Realmente, si miro este año para atrás, me doy cuenta de que la única manera de hacerlo era en conjunto. La sociedad está armada para que cada vez más nos miremos el ombligo y nos olvidemos de quienes tenemos al lado. Entonces, en esas soledades es que hay más lugar para que sucedan este tipo de cosas y que una se silencie. Cuando lo ponés en algo grupal y global, es tan fuerte, tan poderoso y tan contenedor, que es lo que permite que se derrumben las formas ya establecidas.

¿Y qué te devuelven esas mujeres en la calle y en las redes?
Amor, mucho amor. Hay una complicidad en la mirada, una contención. Yo pensé que en algún momento iba a cesar la explosión de mensajes en las redes, pero la verdad es que no paso un solo día sin recibir una historia de alguna mujer que necesita ayuda, contención, descargarse, una palabra… Incluso, muchas mujeres que no pudieron hablar después de que yo lo hiciera público, encontraron en mi libro El arte de no callar, que publiqué junto a Editorial Planeta, una fuerza mayor, más herramientas para poder sacar su propio dolor afuera. Y eso también forma parte de lo que a mí me sana.

Podemos decir que estamos en el fin de la rivalidad absurda entre mujeres…
Totalmente, rompimos con la competencia y ahora lo que tenemos al lado es una compañera. Es poderosísimo cómo esto quita lugares de oscuridad para que no sucedan cosas que hacen daño. Cuando nos ven a todas unidas en la calle, es contundente, pero esa unión va mucho más allá de ese momento, es una complicidad que nos va a acompañar en nuestro día a día.

Y los hombres, ¿qué te devuelven?
Es sorprendente, la verdad es que hay mucho respeto de aquellos que están dispuestos a romper sus propias estructuras y revisar todos los privilegios que tuvieron durante años. Y en ese revisar también agradecen a las mujeres que le estamos poniendo el cuerpo al cambio. Más allá de que, por supuesto, las mujeres somos víctimas fatales de este sistema, porque nos pueden matar por el solo hecho de ser mujer, hay una realidad y es que este sistema les hace daño también a los hombres.

¿Cómo fue tu relación con los hombres durante los años que callaste?
Inevitablemente me afectó y se reflejó en todos los vínculos de mi vida y sí, especialmente, con los hombres. Con parejas, con jefes… es inevitable que repercuta en todo.

¿Y creés que ahora que hablaste cambia tu relación con ellos?
Sí, cambia mi relación con ellos y con el mundo pero, por sobre todo, cambia conmigo misma. Más allá de haber hablado, yo hice una construcción adentro mío, mi manera de vivir, de moverme, de hablar… y todo eso se ve reflejado en todos mis vínculos y en el espacio sexo-afectivo también.

¿Cómo es tu relación hoy con tu cuerpo, tu sexualidad y tu amor propio?
Hoy me siento más cómoda que nunca, quizás en otros momentos siendo más chica tenía los complejos que nos inculcaron. Sé que socialmente tengo una cara bella y que mi cuerpo no ha salido por fuera de esa “norma” que nos impusieron y, sin embargo, muchas veces me sentí con complejos y todo lo que cualquier mujer alguna vez siente. Hoy me siento superlibre con mi cuerpo y con mi deseo, me permito disfrutar y hacer todo lo que hago por mí y no porque la sociedad o mi trabajo me lo pidan, es un momento de mucha comodidad conmigo.

¿Qué otras luchas creés que son relevantes?
Me parece increíble cómo logramos empezar a mirar la problemática del cambio climático y cómo las generaciones más pequeñas vinieron a ayudarnos a despertar y a trabajar en pos de eso. Si a nosotras nos tocó la reivindicación de los derechos de la mujer, las nuevas generaciones se están poniendo al hombro el qué vamos a hacer con este mundo en ruinas que les estamos dejando. También creo que el feminismo abarca todas estas luchas, cuando empezás a tirar de la piola del pensamiento feminista, empezás a darte cuenta de que una cosa te lleva a la otra y es imposible que tu vida no se vea atravesada por todos estos cambios que tenemos que ayudar a generar.

Y entre tus militancias, ¿con qué nuevos proyectos estás?
Este año estreno dos películas que filmé en 2019. Una es La estrella roja, que es la historia de Laila Salama, a quien interpreto, una mujer que fue la primera espía argentina, ocultada de alguna manera en la historia por su condición de mujer. Es un honor esta película y fue un personaje precioso de componer. La otra es Giro de ases, en la que somos cinco magos y soy dueña de un bazar. Fue divina la preparación, porque tuvimos que aprender a hacer trucos de magia, ya que todo lo hacemos nosotros, no hay dobles y no hay edición posterior. Ahora estoy en Mar del Plata con la obra Fuera de línea en el Teatro Provincial, compartiendo con un elenco precioso. Y en marzo volvemos con Nahuelito, la obra que estuve haciendo a fines del año 2019 en El Método Kairós.

 “Soy una militante del deseo y poder escucharse a una misma es lo que te deja tranquila. Después, te equivoques o no, te pase algo mal o no, si vos fuiste fiel a tu deseo, podés quedarte tranquila igual”

 

POR: Julieta Otero

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