Entrevista
Entrevista | Nota de tapa

No soy una fashion victim

Detrás de cada compra que hacemos hay un impacto social y ambiental. ¡No podemos seguir consumiendo de esta manera! Dejate abrir los ojos por esta moda consciente que mira hacia la ecología, la ética y el bienestar.

Esa remerita que tanto te gustó, el jean que llevás puesto e incluso esos zapatitos “cruelty free” que te compraste sin culpa, seguro que fueron hechos contaminando el lugar donde vivimos. Pero lo cierto es que cuando entramos al probador de ropa lo último que pensamos es de dónde proviene la prenda, quién la realizó y bajo qué condiciones la hizo, cuáles son los componentes de ese tejido y qué daños pueden causarle al mundo, cómo fue producida y cuál fue su impacto en el medioambiente, cuántas veces realmente la utilizaremos, cómo la cuidaremos y de qué forma la desecharemos. El vestir ya no tiene que ver con tendencias ni de glamour sino con un acto que está poniendo en peligro al mundo y que debemos tomar con responsabilidad. Pero no te preocupes, tampoco se trata de que vistas todos los días la misma ropa o que no puedas amar la ropa, nada de eso. Todo lo contrario, ¡tenemos que amarla mucho más! Y, especialmente, al mundo donde vivimos y a la gente que vive en él. En esta nota, te invito a que te sumes a impulsar una industria más limpia, segura, justa, transparente, responsable y hermosa.


“Esto no es una tendencia porque no hay plan B”, Alejandra Gottelli

Pasados de moda
Por si no lo sabías, la industria de la moda es el segundo sector más contaminante después del de petróleo. Además, cuenta con un negro historial de explotación laboral, trabajo infantil y muchí-simas muertes. Para peor, como consumidores, estamos educados a comprar por impulso, barato, darle poco uso y desechar rápido. Pero esa prenda que compramos barata y que usamos solo un par de veces, fue dejando un impacto social y medioambiental a lo largo de la cadena de suministro y no termina en nuestro guardarropa.
Por todos los rincones de la esfera ecológica resuena que somos la última generación que tiene chances de revertir —o al menos apaciguar—el mal que le hicimos a nuestro planeta. Pero, para eso no solo tenemos que tomar conciencia del cuidado del medioambiente y de sus recursos, sino que también tenemos que cambiar esta forma loca de consumir desenfrenadamente y exigirle a las marcas que cambien con nosotros. Mientras tanto, ya hay varios visionarios que crearon proyectos que se ajustan a la ética y a la naturaleza y que llevan bien alto la bandera de la sustentabilidad y el cuidado. Cúbreme es uno de ellos, una marca de indumentaria purista que realiza prendas perdura-bles y que revaloriza el origen de las materias primas, los tejidos, las técnicas y las personas que realizan las prendas. Alejandra Gottelli es su fundadora y, con sus buenos dotes de docencia, nos adentró en el mundo de la moda consciente. Ella sabe: “Hay otra forma de consumo en la cual, me parece, que la palabra más acertada es ‘cuidado’. No podemos dejar de consumir pero sí podemos consumir desde otra óptica, con criterio y ese criterio es el cuidado”. Como consumidores hoy tenemos muchísimo poder y dependerá de nuestra forma de demandar si se genera un cambio positivo o no en la industria de la moda.

Marcas conscientes
Deben tener en cuenta tres aspectos claves:
- Sociales: preocupación por la igualdad social.
- Medioambientales: preocupación por la estabilidad ecológica.
- Económicos: preocupación por la viabilidad económica.

Trend alert
Nuestra forma de consumir moda y de cuidar la ropa que compramos implica mucha tierra, agua, energía, químicos, y produce demasiada contaminación. Solo un jean, por poner un ejemplo, re-quiere entre 2 mil a 3 mil litros de agua—lo que tomaríamos en tres años— para el proceso de cultivo de algodón y su posterior teñido, dos escalones que, además, son altamente dañinos para el medioambiente debido a la utilización de pesticidas, herbicidas, fertilizantes y colorantes. Todas esas marcas a las que le compramos tendencia barata producen en países emergentes a costa de vidas humanas y con químicos prohibidos en naciones desarrolladas de los que aún hoy se desconoce el efecto acumulativo sobre nuestra piel, ya que muchos de ellos no desaparecen con los lavados. ¿Te imaginás estar vistiendo a tus hijos con prendas baratas y bonitas que les puedan generar un daño?
El tema de los materiales es otro punto clave en la cuestión de la sostenibilidad, ya que genera con-fusión y muchísima controversia. Están los que afirman que el algodón es el material más sucio de todos los cultivos. Los que dicen que el algodón orgánico no contamina pero que necesita más agua y más tierra. También están los que cuidan a los animales y realizan productos cruelty free con fibras sintéticas muchas veces realizadas a base de petróleo, que son altamente contaminantes y que tardan una eternidad en degradarse…
El reporte “The Deadly Chemicals in Cotton”, realizado por Environmental Justice Foundation, advierte que el algodón —el material más utilizado en la industria de la moda— es la mercancía no alimentaria más importante de la agricultura, que representa el 25 % de la tierra mundial cultivada y que es el responsable del 16 % de la liberación de pesticidas. Pero las marcas no son las únicas que utilizan productos químicos en torno a la ropa.En casa, está demostrado, que se produce gran parte del impacto medioambiental a causa del proceso de lavado, que consume energía y mu-cha agua y utiliza detergentes químicos, que aún no sabemos qué daños producen en nuestro or-ganismo.

Desechos de moda
Y hablando de culpas… ¡levante la mano quienes lean los cuidados de la prenda en la etiqueta antes de cortarla! ¡O los que mandan a arreglar o modificar la ropa! Con una oferta tan barata, tan variada y tan cambiante, fuimos perdiendo la costumbre de valorar nuestras prendas y solemos pecar de eliminación temprana de la ropa. Ropa que muchas veces termina en un vertedero liberando metano, un gas altamente contaminante y dañino.
Pero el tema de los desechos viene desde mucho antes de que llegue a nuestras manos, desde que el diseñador piensa cómo va a hacer esa prenda. Al respecto, la diseñadora de Cúbreme nos cuenta que trabaja con máquinas que no generan remanente, ya que los moldes se realizan con la medida exacta de la prenda. Y que con los pequeños sobrantes de la sastrería realiza sombreros o estolas de cruce. “Ahí también está la cabeza del diseñador. Creatividad en moda no es solo realizar un modelo exótico, de supervanguardia, pero que ese modelo complicó un metraje y que hay un desperdicio enorme”, reflexiona Gottelli sobre la idea de causar el menor daño posible.
Está estimado que la industria de la moda utiliza 400 mil millones de metros de telas anual-mente y que 60 billones son retazos considerados desperdicio que serán quemados o desecha-dos antes de que las prendas lleguen a las tiendas. Entre tanto desperdicio, algunos diseñadores de moda comenzaron a realizar sus productos a partir de lo que otros desechan. Ejemplo de ello es Xinca, una marca de zapatillas de diseño realizadas a partir de caucho reciclado de neumáticos fuera de uso, ropa en desuso y residuos textiles. “Nosotros nos propusimos desarrollar calzado de calidad con una menor carga ambiental y, además, generar consciencia en el cuidado del medioambiente”, cuenta Alejandro Malgor, cofundador de Xinca. Marca que, además, deja un lindo aporte desde lo social, ya que sus zapatillas sustentables son producidas por personas sin oportunidades.

#30wears
Las redes sociales se convirtieron en el escenario perfecto para todas las movidas que se están ges-tando sobre la moda consciente. #30wears es una de ellas, lanzada por la activista de la “moda ver-de” Livia Firth, en la cual se propone al consumidor asumir el compromiso de que usará al menos treinta veces cada prenda que compre.

¿Quién hizo mi ropa?
Sin embargo, que una marca sea responsable no tiene que ver solo con los materiales que utilizó y los procesos de fabricación sino con la gente que participó en ellos. Si bien la ética la asociamos con el cuidado del medioambiente, este es solo uno de los pilares: los derechos humanos, la transparencia en el negocio y el ámbito laboral son los otros tres. Mirá las etiquetas de tu ropa, seguro que dicen Made in China… ¿sabías que en ese país las mujeres jóvenes sufren 150 horas de trabajo extra cada mes, que el 60 % no tiene contrato y que el 90 % no tiene acceso a seguridad social? Trabajo infantil, acoso sexual, discriminación y condiciones peligrosas son solo algunas de las cuestiones que sufren día a día las personas que hacen nuestra ropa.
El clic en el sector fue en el año 2013 tras el derrumbe del edificio Rana Plaza en Bangladesh, don-de fallecieron 1.127 personas. Pero no hace falta remitirse a situaciones tan lejanas, todos nos acor-damos del incendio en el taller clandestino en Flores que se llevó la vida de dos niños en el año 2015. Tras estos desastres se generó el movimiento global #FashionRevolution que invita a los consumidores a preguntarse #Whodomyclothes? (“¿Quién hizo mi ropa?”) y que establezcan una conversación con las marcas que consumen.
En su búsqueda hacia el retorno a la equidad social, Gottelli demuestra que otro modelo de negocio es posible y nos cuenta: “Me vinculé con telaristas que tenían sus talleres cerrados o con muy poca actividad, porque ya eso no era un desarrollo sostenible para ellos, y así reactivamos talleres y máquinas de tejer sin energía eléctrica”. Hoy, diez años después, Cúbreme sigue siendo el sostén para todas esas familias que apostaron a reabrir sus talleres y poner en práctica nuevamente sus ofi-cios. Pero lo bueno es que bajo esta lógica también se pueden buscar soluciones creativas para crear moda y ayudar a la sociedad. La marca Xinca deja su aporte: “Hoy la mayoría de nuestros modelos se desarrollan en el Penal San Felipe de la ciudad de Mendoza. Allí trabajan internos que recibieron capacitación sobre la fabricación de calzados e incorporaron conceptos como la importancia del trabajo. Lo que aprenden lo hacen con mucha expectativa y no tener expectativas los llevó a tomar malas decisiones”, comenta Malgor.

Total green
Cúbreme y Xinca son solo algunas de las marcas que demuestran que otro modelo de mercado es posible. Sin embargo, como consumidores son muchas las dudas que nos surgen cuando queremos emprender el camino del consumo responsable y muchas son las acciones de marketing verde (gre-enwashing) que crean confusión y hacen parecer a estas marcas comprometidas con los valores de la ecología y la responsabilidad aunque disten absolutamente de esto. Para despejar dudas, la moda ecológica intenta evitar el impacto ambiental asociado con las prendas a lo largo de su ciclo de vida. Su objetivo es evitar, reducir o eliminar el impacto que pueda contaminar, destruir o reducir los recursos naturales del planeta. Además de realizar todas sus prácticas bajo los lineamientos de la ética.
Reconocidas empresas como Marks and Spencer, Patagonia y Nike están implementando estrategias de sostenibilidad en todas las áreas de producción y diseño. Otras como Stella McCartney, Katharine Hamnett e, incluso más cercanas a nosotros, Cúbreme y Xinca siguen fieles a sus ideales medioambientales y éticos mediante el uso de materiales y procesos ecológicos. Gottelli nos cuenta su visión: “Dentro de mis ideas y dentro del desarrollo de mi producción, yo tengo que optimizar todos los recursos y tratar de tener la menor huella de carbono posible. No es tener el mejor vestido con seda de Cambodia, los pelos de Mongolia o la mejor coloración italiana; porque ese vestido va a ser fantástico pero va ser un lujo del siglo pasado. Hoy, el nuevo lujo no es eso, sino es un producto que realmente casi no haya alterado los tres impactos: el ambiental, el social y el económico”. Al respecto, Diana Verde Nieto, directora de Positive Luxury, asevera: “Todas las marcas van a tener que ir para el lado de la sustentabilidad”.Y explica: “Hoy las marcas premium están tendientes a involucrase en este tema porque realmente hay una relación entre la materia prima y su calidad y el desarrollo sustentable. Esto sucede porque tenemos 7,2 millones de personas en el mundo y consumimos recursos naturales en altas cantidades que, para asegurarnos la durabilidad, las empresas tienen que invertir en el desarrollo sustentable”.

“La gente viene de un paradigma de bajos costos y grandes volúmenes. Hoy, si nosotros hablamos de un proyecto como Cúbreme tenemos que hablar de bajos volúmenes y altísima calidad”, Alejandra Gottelli


Eco Fashion Latam
Una plataforma creada por la española Beatriz Valdivia, quien desde Colombia ofrece servicios de formación y consultoría en esta área. Además, posee un directorio de marcas que adscriben a la lógica sustentable de Latinoamérica.

Mejor, slow fashion
¿A quién no le pasó estar ante una prenda hermosa, comprarla y luego caer en la cuenta de que no era la indicada para nuestro cuerpo? Al respecto, en el año 2007, los investigadores Stanford, Mit y Carnegie Mellon, observaron el cerebro de sujetos mientras compraban ropa y descubrieron que cuando se les mostraba un objeto deseado en liquidación, el centro del placer del cerebro se iluminaba. Eso es lo que nos enseñó la industria de la moda en los últimos años: buscar la felicidad a través de los objetos, la moda y las gangas. Y eso es lo que hoy nos toca desaprender. Si nosotros cambiamos, si nosotros exigimos otra cosa, las empresas no tendrán otra opción que cambiar. Malgor sostiene quecada vez son más los consumidores que demandan este tipo de productos; y afirma que el mercado de lo sustentable es uno de los que mayor crecimiento presenta. Además, agrega: “Como consumidores tenemos mucho poder con nuestro dinero. Y debemos en-tender que detrás de cada compra hay un impacto social y ambiental”. Por eso es importante que estudiemos las marcas que consumimos y apoyemos aquellas que buscan hacer las cosas bien. Desde Londres, Verde Nieto, nos cuenta: “El fenómeno en Estados Unidos y en Europa es que la gente pueda mirar en el teléfono dónde se hacen y cómo se hacen los productos que consumen. Cuáles son las condiciones en las que la gente trabaja, porque si consumís una marca que todo el mundo sabe que explota chiquitos en algún país, que tira todos los desechos al río, que contamina todo… ¿qué dice esa marca de vos? Dice que no te importa nada. Entonces hoy, especialmente la gente joven, quiere tener acceso a la transparencia”. Queda claro que cuando compramos un producto, también compramos toda la cadena de valor y las relaciones humanas, porque esos pesos que vos te ahorrás cuando comprás una prenda barata, seguro que se lo están cobrando a otras personas.

“Hay que buscar generar el menor daño posible. No poner en riesgo a las generaciones futuras”, Alejandro Malgor

Ideas para un consumo responsable:
- Comprá menos, ¿cuántas prendas de tu armario aún tienen la etiqueta colgando?
- Pensá bien antes de comprar, seguro que también tenés varias prendas que solo usaste una vez.
- Elegí productos artesanales y hechos localmente, además así ayudás a la economía regional.
- Cuidá y repará tu ropa, mirá las etiquetas y seguí sus instrucciones.
- Elegí ropa vintage o de segunda mano, todo vuelve y, a la vez, estás cuidando tu bolsillo.
- Alquilá o trocá la ropa de fiesta, no tiene sentido que compres un vestido para usarlo una vez.
- Intervení tu ropa, hay muchos blogs DIY para que le des un nuevo look y, de paso, ¡hagas tera-pia!


Una prenda es ecológica si…
- Recicla o revaloriza material reciclado para crear prendas nuevas.
- Utiliza tejidos orgánicos o sostenibles en la producción de nuevos productos de moda.
- O fue diseñada para durar mucho tiempo.

Última moda
“El cambio climático es real, por más que quieran disfrazarlo y taparlo. O sea que, si no modifi-camos nuestros hábitos de consumo, nuestra cabeza, nuestro espíritu y la definición de ‘éxito’… yo creo que tenemos corta vida”, asevera Gottelli. Pero para esto hay que salir de la idea del consumo acelerado. Es responsabilidad de todos cambiar el imaginario social. ¿Cómo lo logramos? Las respuestas no son tan fáciles como las preguntas pero cuestionarnos antes de comprar es el primer paso. ¿Realmente lo necesito o voy a usarlo? ¿Puedo conseguirlo de segunda mano? ¿Existe alguna alternativa sustentable? Y una vez que estemos encaminados, podemos empezar a cuestionar a las marcas. ¿De dónde viene la ropa? ¿Quién la hizo? ¿Cómo fue hecha? ¿Cómo la cuido? Porque amar la moda está buenísimo y querer vernos bien y elegantes también, pero la clave está en hacerlo con cuidado y responsabilidad sobre nuestro planeta y los seres que viven en él. Estamos entrando en la era de la ética y de nosotros dependerá dar vuelta la página lo más rápido posible y convertir en tendencia el consumo responsable.

ESPECIALISTAS CONSULTADOS
Alejandra Gottelli
Fundadora y diseñadora de Cúbreme (Empresa B)
www.cubreme.com
Facebook: Cubreme
Godoy Cruz 1720, Palermo,CABA

Alejandro Malgor, Nazareno El Hom, Ezequiel Gatti
Cofundadores de Xinca
www.xinca.com.ar
Facebook: XincaSustentables
Twitter: Xincaok
Instagram: Xinca_eco_shoes

Diana Verde Nieto
Directora de Positive Luxury
www.positiveluxury.com

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