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Terroir: un lugar en el mundo

Responsable de la personalidad y el carácter de un vino, el terruño nos lleva a descubrir los sabores de su tierra de procedencia.

Todos los que gustamos de beber vinos estamos familiarizados con palabras inherentes a su mundo, como viñedo, barrica y cepaje, entre muchas otras que, con el correr del tiempo, pasan a formar parte del vocabulario de los consumidores. Sin embargo, hay un concepto en particular que cada vez cobra más importancia en la actualidad vitivinícola: el terruño o terroir. Es que, si hay algo que tiene una incidencia fundamental en el carácter de un vino, es la interacción del clima, el suelo, la situación geográfica, la variedad de la uva y la intervención del viticultor.

Pedacito de tierra
Proveniente del vocablo francés terroir e históricamente ligado a la personalidad y la calidad de los vinos, desde hace aproximadamente una década, su importancia se comenzó a revalorizar en la Argentina, lo que dio lugar a que a nuevas particularidades geográficas, indicaciones de procedencia y hasta vinos de un solo viñedo —o de una parcela dentro de una finca— cobraran especial interés. El hecho de que las mismas variedades vinificadas siguiendo idénticas técnicas den como resultado vinos tan distintos entre sí en diferentes zonas geográficas solo se puede explicar por la influencia del terruño. Bajo este concepto se engloba la interacción de varios factores condicionantes, que son los que le van a dar el carácter, la expresión y la personalidad al vino. Ellos son:

El suelo: es capaz de definir la calidad, la identidad y el estilo de un vino. En una porción de tierra determinada, las raíces del viñedo se desarrollan y se alimentan de distintos nutrientes que, dependiendo de su composición, otorgarán uvas con características diferentes.
El clima: comprende las temperaturas, la amplitud térmica, las horas de insolación y las lluvias. Un entorno climático adecuado es fundamental para obtener madurez en las uvas y un correcto equilibrio entre el azúcar y la acidez. Para cumplir su ciclo vegetativo anual y alcanzar el crecimiento esperado, la vid necesita un rango de temperatura mínima y máxima de entre 10 y 30 °C.
Situación geográfica y topografía: las laderas, colinas, montañas y demás accidentes geográficos y topográficos de una región vinícola también hacen al carácter del vino, ya que son capaces de modificar, acentuar o reducir las incidencias climáticas.
Las cepas: las variedades para vinificación pertenecen al género de las Vitis y a la especie vinifera. Estas cepas le otorgan al vino su carácter varietal y son determinantes para definir el aroma, el sabor y la textura que tendrá.
La mano del hombre: el trabajo del hombre en el viñedo a lo largo de los años puede potenciar o desaprovechar lo que el suelo, el clima y las cepas le entregan. Los trabajos que se efectúan en las viñas tienen una incidencia directa y decisiva sobre la uva y, en consecuencia, sobre la calidad final de vino.

El terruño es, sin dudas, la construcción que a lo largo de los años una zona y su gente logran hacer de un sitio determinado. Esto quiere decir que no solo una finca recién plantada y bien trabajada agronómicamente hace un terruño, sino que debe haber una regularidad a lo largo de los años que haga de esa zona algo reconocible. Unicidad e identidad, palabras claves cuando se habla de terruño. Un vino que refleja su terruño es un vino que habla de su zona, de sus características y de su gente, de la manera única e irrepetible que tienen los hacedores de una comarca determinada de hacer un vino. Hay momentos en los que el vino dice: “Yo soy de acá y de ningún otro lugar”.

Mis recomendados:
. Facón Malbec Single Vineyard 2016: floral, especiado, de tanino firme y muy jugoso. Puro Malbec calchaquí.
. Séptima Tierra Agrelo 1050 msnm Malbec 2017: Té negro, violetas y grafito. Expresión clásica, armoniosa y elegante de una zona icónica de Luján de Cuyo.
. La Cautiva Malbec 2016: Andrea Muffato y Gerardo Michelini van un paso más allá con este Malbec de La Cautiva, una finca a 1600 msnm en Gualtallary. Flores, hierbas, resinas, frescura y profundidad que alucinan.

POR: Victoria Ortemberg

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