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El futuro del pasado

Paraíso de exotismo y originalidad, donde lo milenario se fusiona con lo moderno y los planes se vuelven infinitos.

Hay algo en Japón que llega a lo profundo del alma y que cautiva perdidamente. ¿Será su riqueza espiritual? ¿El carácter de su gente? ¿Sus exóticas postales? ¿Quizás la milenaria diferencia que lo separa de Occidente? ¿O la belleza de la flor del cerezo? Japón resulta enigmático y atrayente porque es completamente distinto a lo que estamos acostumbrados. Lo bueno es que lo original ya viene garantizado. Para colmo, los japoneses son expertos en creatividad a la hora de hacer planes. Es más, su imaginación puede llevarnos a lugares insospechados. Entre la amplia oferta tokiota podemos encontrar bares de karaoke con tecnología avanzada, restaurantes temáticos con mozos disfrazados, cafés con sirvientes que tratan a los comensales como amos o repletos de gatos mimosos que tienen su perfil online. Con tan solo caminar por la calle nos podemos sorprender con alguna de sus máquinas expendedoras, como las de ropa interior usada, y si además es la época del cerezo en flor, listo… el viaje está hecho.
No es de extrañar que los japoneses sean tan especiales si consideramos que es un país conformado por 6.852 islas, en el que viven 127 millones de habitantes, que desde el siglo XII al XIX estuvo aislado de occidente, que tiene la población más longeva del mundo y que cada día su tierra tiembla. En Japón las calles no tienen nombre y los nipones saludan con una reverencia sin fin hasta que el saludado desaparece de sus vistas porque, si no, se quedan con culpa. No hay un solo papel en la calle pero tampoco hay basureros, los inodoros emiten música y tienen calefacción, en el tren no se puede hablar por teléfono y no hablan una palabra en inglés. Y aunque casi ninguno hable otra len-gua que no sea la japonesa, son tan serviciales y simpáticos que la comunicación resulta exitosa.

Japón resulta enigmático y atrayente porque es completamente distinto a lo que estamos acostum-brados

Elige tu propia aventura
Imposible comparar Tokio con otra metrópoli y que no resalte. En la capital de Japón hay de todo y más; y las posibilidades son ilimitadas. Además, es una de las ciudades japonesas que mayor con-traste presenta entre la modernidad futurista y sus miles de años. Tokio es casi esquizofrénica, allí las luces de neón iluminan templos milenarios y una verdadera geisha puede caminar sobre la misma vereda que un personaje disfrazado de animé.
Los días en Tokio nunca alcanzan, pero el síndrome del jet lag puede jugar a nuestro favor. Sin em-bargo, la frustración de no alcanzar a hacer todo lo deseado es un estado constante. Por eso, resulta imprescindible relajar y asumir que es imposible conocerlo todo de una. Al entregarnos al disfrute, lo ideal es hacer una selección de los planes que más nos motivan y ordenarlos por zonas.
Sin dudas hay algunos imperdibles, como el Festival Matsuri en el Santuario de Kanda Myojin, el Estadio Kokugikan de sumo, el teatro kabuki, el mercadillo callejero de Ameya-Yokochō en el par-que Ueno, donde además hay importantes museos. También tenemos al estanque de Shinobazu, el río Meguro, el mercado de Tsukiji, el Monte Fuji y su hermoso mirador del parque Arakurayama Sengen y el rascacielos Tokyo Skytree, la torre de televisión más alta del mundo (con 634 metros) que, además, cuenta con unas imponentes vistas con el Monte Fuji de fondo.


Tokio es casi esquizofrénica, allí las luces de neón iluminan templos milenarios

Dime qué quieres hacer y te diré tu barrio
- Akihabara: zona ideal para los amantes de la tecnología y las “frikeadas", este es el lugar donde adquirir equipos electrónicos y gadgets. Además,está repleto de tiendas relacionadas a los video-juegos, animé, manga, etcétera.Por aquí hay mucho japonés fanático disfrazado y abundan los restaurantes cosplay (en donde te atienden disfrazados) y los maid cafés (donde los meseros vis-ten como sirvientes).
- Asakusa: es un barrio antiguo y tradicional donde se encuentra el templo más famoso de Tokio, el Sensoji. Dar una vuelta por aquí es como viajar al pasado y conocer el costado más histórico de la ciudad. Los carteles de neón se apagan y la arquitectura tradicional se vuelve protagonista.
- Ginza: es el distrito de moda y de lujo, donde abundan las luces de neón, los rascacielos y los transeúntes. Aquí el caos es particularmente ordenado y se puede apreciar este fenómeno en el famoso cruce de Lost in translation. También se encuentran el mítico teatro Kabukiza y el mer-cado de pescados y mariscos más grande del mundo, el Tsukiji. Este último es ideal para visitar los primeros días cuando el jet lag te despierta a la madrugada, ya que la máxima aventura es a las 5 de la mañana cuando rematan los atunes.
- Harajuku: es uno de los barrios de tendencias principales de Tokio. Aquí se concentran las me-jores boutiques del mundo y las pequeñas tiendas de atuendos alternativos y objetos locos. Aun-que cada vez se los ve menos por aquí, esta zona solía ser el lugar de reunión de los cosplay, los domingos especialmente. En este barrio también se encuentra el parque Yoyogi.
- Shimokitazawa: es el distrito de moda secreto de Tokio. Ideal para los amantes de lo diferente, lo artístico y lo vintage. Esta zona está repleta de galerías de arte, teatros, bares con música en vivo, estudios de grabación, librerías, restaurantes cool y tiendas retro o de objetos curiosos. Es la zona preferida por los tokiotas más hipsters.
- Shinjuku: otro barrio de rascacielos, luces de neón y centros comerciales. También es la zona ideal para salir a tomar algo y, dicen los que saben, que es el barrio favorito de la mafia japonesa. Por aquí se encuentra el barrio rojo, Kabukichō y, si bien no pasa nada, en esta zona mejor ir más atentos.

No todo es sushi
Y aunque el mundo gastronómico de Tokio merece una nota aparte, no puedo dejar de dedicarle aunque sea unas líneas. Comer en Japón no es tarea fácil si no tenés un paladar muy abierto. Parti-cularmente yo quedé fascinada con su gastronomía y me levantaba tomando sopa de miso con udón todos los días. Si hacemos caso al número de estrellas que Michelin le dio a Tokio, podemos pensar que es la capital mundial del buen comer. Aquí los restaurantes están especializados: donde hay tempura no hay sushi y donde sirven soba no hay teppanyaki. Al igual que la esencia de Japón, adentrarse al mundo gastronómico japonés es toda una aventura para experimentar los más diversos sabores y texturas. Eso sí, a no olvidarse de poner unas lindas medias en la valija porque, en la ma-yoría de los restaurantes, el calzado queda afuera. En definitiva, su gastronomía es una muestra más que Japón es auténtico y completamente rico en todos los sentidos. Una vez que llegás a este país, querés aprender todo de él, hablar su idioma, adquirir el carácter de sus habitantes y no dejar de probar cada uno de sus exóticos sabores ni de sus originales planes.

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