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Verdades explosivas

Hay frases que mejor ni escucharlas, como: “Estás más gordita”, “Me enamoré de tu marido”, “Tu hermana es mi preferida”. Sin embargo, hay personas que se sienten orgullosas diciendo todo lo que piensan sin importar a quién, ni cómo. Por otra parte, a la mayoría de la gente le cuesta asumir que a veces miente. ¿Será que la sinceridad está sobrevalorada?

Palabras que matan
Una cosa es ser sincero y otra es ser sincericida. El sincericidio es el acto por el cual una persona, creyéndose sincera, honesta o dueña de la verdad –cuando en realidad está siendo desconsiderada, carente de tacto e irresponsable verbalmente– comunica a otra cierta información, produciéndole una herida emocional significativa.

Lo mismo pero diferente
No está mal hablar de una manera franca, sin eufemismos que enturbien la comunicación. El problema reside en las personas que atropellan de frente creyendo que hacen lo correcto. Por eso, antes de decir una verdad hay que evaluar a quién me dirijo, qué es lo que tengo que decir, qué vínculo tengo con esa persona, su edad, su madurez, su nivel cultural, etcétera. Hay que tener presente que se puede decir lo mismo con otras palabras. Hay que tener en cuenta que con nuestras palabras podemos herir al otro, más aún si estamos emocionalmente comprometidos con esa persona.

Mejor así
Algunas verdades generan heridas emocionales que se asemejan a las físicas. En algunos casos el dolor es inevitable, pero en la manera de decir podemos atenuarlo y disminuirlo. Una buena forma para decir una verdad que hiere es la conocida como «crítica sándwich»: antes de decirla debemos plantear algo positivo y después de expresar esa verdad dolorosa, cerrar la frase con otra idea optimista o de aliento, ya que el otro recibe el golpe pero también el apoyo y no queda dolorido sino fortalecido. Además, de esta forma el vínculo se preserva.

Cuando mentir es la opción
Antes que nada hay que saber que no hay cosa más liberadora y sana que vivir y moverse en la verdad. Para el mentiroso, mentir implica tapar, sobreactuar, fingir. Quien comete engaño debe recordar sus mentiras para poder perpetuarlas generando muchas veces una carga extra.

¿Ocultar es mentir?
En líneas generales, ocultar es igual a mentir porque la verdad es total o no es verdad, no hay verdades a medias. Pero habrá que evaluar cada caso en particular ya que muchas veces el otro no está preparado para escuchar todo o no es el momento adecuado para decírselo.

Mentiras piadosas
Son aquellas que no están movidas por un interés personal o un beneficio propio. Una verdad a veces puede herir pero una mentira descubierta siempre produce daño. Las piadosas se consideran pequeñas o banales y se hacen para proteger al otro de una verdad demasiado dura, inconveniente o difícil de manejar.
Por temor a cometer sincericidios no debemos dejar de decir la verdad, ni complicarnos la vida, sólo tenemos que ser cuidadosos y responsables en el uso del lenguaje para no herir a los que nos rodean. La sinceridad es un modo de expresarse libre de fingimiento pero teniendo en cuenta los sentimientos de los demás. Entre adultos la comunicación debería ser transparente y simple, y un tema fundamental a trabajar en nuestras relaciones sociales.

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