Las enfermedades cardiovasculares son un tema de vital importancia ya que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), figuran como la primera causa de muerte en adultos y producen 17 millones de fallecimientos por año a nivel mundial. Al hablar de enfermedad cardiovascular nos referimos a infarto cardíaco, accidente cerebrovascular, entre otras patologías que irrumpen en la vida del individuo con diferente grado de lesión.
Es necesario entonces saber que hay algunas variables que podemos controlar para prevenirlas, que se denominan factores de riesgo cardiovasculares (FRCV). Los FRCV pueden ser controlables o modificables y no controlables o no modificables. Dentro de los no modificables se encuentran la edad y los antecedentes familiares. Con respecto a los modificables o controlables son fundamentalmente: colesterol elevado, sedentarismo, obesidad, hipertensión arterial, diabetes y tabaquismo.
El colesterol es necesario para el organismo y aumenta porque consumimos o producimos de más o no lo gastamos adecuadamente. La diferencia importante está entre el bueno y el malo. El primero está unido a una proteína denominada HDL que lo lleva al hígado para eliminarlo y el segundo está unido a la proteína LDL, que lo deposita en la pared de las arterias y forma la placa de ateroma, responsable de tapar las arterias, lo que indefectiblemente producirá una lesión en el órgano afectado (corazón, cerebro u otros). El malo lo combatimos fundamentalmente llevando una dieta saludable y realizando una actividad aeróbica. Esto también ayuda a combatir el sedentarismo, que conlleva un aumento de la grasa abdominal que se asocia con aumento del riesgo cardiovascular. Por ello también es de vital importancia bajar de peso.
Por otra parte, el control y el tratamiento de la hipertensión arterial y la diabetes mellitas, además del tabaquismo, tienen consideraciones especiales, por lo que serán tratadas en un artículo futuro.